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Mariano Akerman

1 Fave

Bien Complejo y Bien Porteño

Santos Maschen, Dragón, filete porteño, 2005. Laca sobre madera reconstituida, 29.7 x 20 cm. Colección Mariano Akerman © MAC

El Dragón pintado por Santos Maschen es una figura misteriosa e inquietante. Medio serpiente alada, medio curvilíneo tallo de hojas verdes y frutos maduros, este híbrido de las pampas involucra la conjunción de ámbitos que la Naturaleza ha mantenido desde siempre separados. Así, su figura combinada es el resultado de haber cruzado el reino animal con el vegetal. Mas si alguien parafraseara a Ariosto para describirla y dijese que “la Naturaleza la creó y después rompió el molde,”[1] se equivocaría. Dado que la figura ornamental en cuestión es también un motivo grotesco.[2]
Significativamente, los grotescos nunca son creados por la Naturaleza, sino que constituyen (ante todo y por sobre todo) el fruto de la imaginación de los artistas. Es por eso que ya a mediados del siglo XVII, Thomas Browne puntualizaba que, en la Naturaleza, los grotescos no existen.[3]
Los grotescos por su parte, se presentan caóticos y contradictorios, no obstante, también son artísticos. Expresivamente, sugieren tanto un orden caótico como un caos ordenado. Y si bien no son obra de la Naturaleza, los grotescos rompen los moldes del orden natural y amenazan o desafían toda lógica posible.
El origen del término “grotesco” data de alrededor de 1480. Fue ese entonces que algunos artistas italianos renacentistas los descubrieron mientras visitaban unas excavaciones arqueológicas llevadas a cabo en el Esquilino, en Roma. Dichos motivos eran híbridos y caprichosos, y podían verse pintados sobre las paredes y cielorrasos de la Domus Aurea o Palacio Dorado del emperador Nerón. Durante el siglo XV, para acceder a la Domus Aurea era necesario atravesar una serie de túneles subterráneos, a los que comúnmente se conocía como “las grutas.” Y dado que esos curiosos motivos combinados a menudo eran asociados con las grutas, se los llamó “grotescos” o “grutescos” (es decir, propios de las grutas).
Sin embargo, los italianos no tardaron en considerar la irracionalidad estructural que caracteriza a los grotescos y es por ello que también los llamaron “sueños de pintores” (sogni dei pittori).
Dado que desafiaban la lógica y el principio de mímesis (según el cual la obra de arte no podía ni debía ser otra cosa que una imitación, ya de la Naturaleza o del mundo físico y material), los grotescos fueron ridiculizados y criticados por los autores de la Antigüedad Clásica. Entre ellos destacadas fueron la sorna de Horacio y la indignación de Vitruvio.[4] Pero, con todo y a pesar de todo, los acaso bien fundados reproches de esos pensadores no fueron escuchados por los artistas, quienes tarde o temprano siguieron el ejemplo de Fabullus y sucumbieron así ante el hechizo de lo imaginario, lo extremo y lo irracional. Fue precisamente a raíz de esto que los grotescos continuaron multiplicándose a lo largo de la historia y de un modo u otro lograron sobrevivir hasta hoy.[5]
El Dragón de Santos Maschen se halla rodeado por un marco de llaves, que en términos ilusionistas, sugiere la idea de un cuadro dentro de otro. Tal efecto es expresado mediante un sutil juego de brillos y sombras. Bien complejo y bien porteño, el curvilíneo híbrido artístico es un pariente lejano de los grotescos otrora pintados por los artistas de la inolvidable Roma (ya imperial, ya renacentista).[6] Pero también desciende de otros, no menos originales, hoy conocidos como filetes porteños.[7] Complejo y contradictorio, el Dragón de Santos Maschen se diferencia de sus numerosos predecesores argentinos por el hecho de no constituir ninguna “celebración de la prosperidad en el trabajo.”[8] Metafóricamente, el Dragón en cuestión condensa el furioso estado anímico de no pocos argentinos en su acorralada condición a raíz de la enorme debacle económica sufrida por el país en diciembre de 2001. Lejos de ser celebración de prosperidad ninguna, el Dragón de Santos Maschen es un símbolo de un caos ordenado y de un orden caótico. El marco de llaves que acorrala al Dragón es una alusión al infame “corralito” de emergencia aplicado en Argentina con el propósito de neutralizar el efecto de los innumerables excesos económicos precedentes. Es por eso que Santos Maschen recurre a una figura arquetípica del desorden y la confusión. Se trata de una imagen aparentemente increíble, imagen que no obstante posee una muy justificada razón de ser.

Notas
1. Ludovico Ariosto, Orlando Furioso (1532), 10.84.
2. La definición castellana de “Grotesco” en el DRAE, como algo “ridículo y extravagante” o bien “irregular, grosero y de mal gusto,” resulta hoy ineficaz e inadecuada. Considerando el mundo en el que nos toca vivir, es desconcertante y lamentable que tamaño diccionario carezca de GROTESQUIDAD, un término hoy indispensable para referirse a la mayor parte de la condición existencial humana de todos los tiempos. Con todo, lo Grotesco es definido como una estructura tensa e inquietante que combina elementos incompatibles en una paradoja visual que sugiere efectivamente lo monstruoso (Mariano Akerman, The Grotesque in Francis Bacon’s Paintings, 1999, p. 18). Para una discusión detallada de lo Grotesco en el campo de las artes visuales, véase mi artículo “Francis Bacon y lo Grotesco,” knol.google.com/k/mariano-akerman/franci s-bacon-y-lo-grot...
3. Thomas Browne, Religio Medici (1645), parte 1, sección 15: « ‘La Nauraleza no hace nada en vano’ es el único axioma irrefutable en filosofía. No hay Grotescos en la Naturaleza; ni cosa enmarcada para llenar esquinas vacías o espacios innecesarios » (mi traducción). Acerca de Browne y la relación entre la Naturaleza y lo Grotesco, ver mi artículo “Atypical Beings” (Seres atípicos, diciembre 2007), en especial la clasificación ilustrada de las anomalías del mundo real, efimeronte.page.tl/Atypical-Beings.htm
4. Ver Horacio, Ars Poetica, líneas 1-13, 23 ; Vitruvio, De Architectura, VII, 5, 3-4.
5. Dicho en otros términos, today we live a grotesque reality--grotesqueness is everywhere (quien escribe, en conversación, Londres, julio de 1995; la expresión inglesa debería ser traducida como hoy vivimos una realidad grotesca: la grotesquidad está en todas partes).
6. Entre los pintores de la Antigüedad se destaca Fabullus; durante el Renacimiento sobresalen Domenico del Ghirlandaio, Pinturicchio, Luca Signorelli, Rafael Sanzio y Giovanni da Udine.
7. Indudablemente grotesco, el El Dragón de Santos Maschen, tal como sucede con otros tantos fantásticos seres pintados por León Untroib y sus colegas, pone en crisis las categorías estéticas convencionales que encuadran a lo bello y a lo feo. Para imágenes de los mencionados motivos, ver Barugel y Rubió, págs. 30-31, 55, 62, 64.
8. Ídem., pág. 5. Para el contexto porteño que concierne al Dragón de Santos Maschen, véase mi “Diseño Buenos Aires,” akermariano.blogster.com/my-buenos-aires -design-mi-diseno...

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